¿Qué tiene que ver el cerebro triuno con los fosfenos?

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Hace más de medio siglo, un eminente neurocientífico, el Dr. Mc Lean, desarrolló en Estados Unidos una singular teoría para explicar la evolución de la especie humana en cuanto al principal órgano que le diferencia del resto de los animales: el cerebro. Merece la pena que prestes un poco de atención, se trata de la teoría del cerebro triuno.

Cómo se estructura nuestro cerebro

Estas investigaciones iban encaminadas a demostrar que nuestro cerebro fue desarrollándose paso a paso, añadiendo como capas superpuestas de nuevas funcionalidades, que hacían que tuviésemos mayores y más finas capacidades mentales.

Sucede que, en lugar de ser sustituidas en la nueva organización del cerebro, las capacidades más primarias permanecían bajo control de las estructuras más antiguas, que de alguna manera “ya sabían hacer esas cosas”. Por lo tanto, la sabia naturaleza pensó que para qué cambiar lo que estaba funcionando.

Las capas del cerebro por orden de complejidad

La capa más básica es el llamado cerebro reptiliano. Se llama así porque lo compartimos con los reptiles. Pero no te asustes, solo ocupa el 5 % de la masa cerebral. Su función principal, además de primer filtro de los estímulos ambientales, nos hace coincidir con todas las especies: asegurar nuestra supervivencia. Si de esta capa dependiese, no comprenderíamos el pasado ni el futuro, solo seríamos conscientes del presente.

La segunda es el cerebro límbico o mamífero. Como su nombre indica, lo compartimos con los mamíferos. Esta capa nos dio la capacidad de aprender y memorizar nuevas respuestas a estímulos, para aplicarlas en situaciones futuras. Gracias a ella somos capaces de clasificar los estímulos en dolorosos y placenteros.

El cerebro cognitivo-ejecutivo es el estrato típicamente humano, con él asimilamos la información conscientemente. Por eso ocupa casi toda nuestra masa cerebral. Lo tenemos estructurado en dos hemisferios: el izquierdo, asociado con el razonamiento y el análisis; y el derecho, con la creatividad, el pensamiento global y las emociones.

Y aquí, ¿cómo encajan los fosfenos?

Para empezar, conviene hacer una introducción sobre qué son los fosfenos. Seguro que alguna vez, estando somnoliento, te has frotado intensamente los ojos para despabilarte. ¿Recuerdas haber visto con los ojos cerrados unos puntitos de luz brillantes? Eso son los fosfenos.

Suceden como una ráfaga. Pero si los estimulas más prolongadamente, acabas percibiendo una especie de píxeles multicoloreados, estirándose y encogiéndose desde el punto de fijación. Curioso, ¿verdad? Pues el fosfenismo se vale de esto para aumentar nuestras capacidades cerebrales, aplicándose en la neuropedagogía.

¿Cómo actúan?

El fosfenismo se logra durante unos tres minutos, tras observar medio minuto una fuente luminosa. Actúa a tres niveles:

En el cerebro reptiliano: llevando a esta capa la luz de los fosfenos aumentamos nuestra capacidad de adaptación al medio y conseguimos más flexibilidad al elegir respuestas a los estímulos, más proporcionales a nuestro entorno.

En el cerebro límbico: modulan nuestras emociones y, por si fuera poco, estimulan la autoestima y el ansia por aprender.

En el cerebro cognitivo: son conocidos sus efectos en los procesos creativos, estimulando la producción de ideas y mejorando la capacidad memorística y la personalidad.

Cerebro triuno y fosfenos, una curiosa pareja dotada de enormes expectativas.

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